Sin Maíz no hay pais, o la Soberanía Alimentaria
Marta Benavides. En estos tiempos de la globalización, se habla mucho de las grandes crisis que como humanidad enfrentamos: la crisis financiera/económica, la crisis energética, la crisis de la comida y la crisis del cambio climático.
Todas son causadas y causantes, las unas de las otras. Todo es resultado de más de 500 años de colonialismo y de prácticas que priorizan el Mercado y dinero, sobre la gente, su calidad de vida, y la salud del planeta. Desde el llamado “descubrimiento” del continente que los pueblos originarios llamábamos Tewantisuyo, Abya Yala, Isla Tortuga, y los europeos, que por su suerte, llegaron y llamaron América. Así, se inauguró la globalización y se impuso, por la fuerza, su forma de pensar, y de priorizar el Mercado libre, o sea la libertad para el Mercado fue la práctica, por eso, resultó el comercio de esclavos, por tanto la esclavitud ( the slave trade), y el negocio de las misiones (missionary enterprise).
Entonces se corrompieron los principios, los valores humanos y pasamos a la ley del Mercado, del consumo, y la producción de lo que puede producir ganancia, en lugar de una economía basada en el bien de y para la humanidad y la salud del planeta. Y aquí estamos más de quinientos años más tarde, enfrentando las llamadas crisis, sin poder ver lo que está a la raíz de ellas.
Es importante entender que todas las crisis están amarradas las unas a las otras, y que no se pueden resolver por separado, que se re-crean y fortalecen entre sí, y que dependen la una de las otras y viceversa. La ciudadanía de cada país, debe lograr entender esto, para poder hacer lo necesario para lograr el cambio necesario y deseado.
Reflexionemos sobre el caso emblemático del maíz en México:
Hace unos tres años, para el Día de los muertos, se llevó a cabo una numerosa marcha/demostración en la capital Mexicana, en la que quienes participaron iban vestidos únicamente con ropa interior.
Demostraban en la calle y de manera muy gráfica, que la vida les estaba siendo negada, que estaban desnudos, desprotegidos en toda forma, por los acuerdos de libre comercio de Norte América/ TLCAN, que negocio la soberanía del país, al punto de tener que “armonizar” (le llaman), la constitución de la republica con la constitución de los acuerdos, y así, en violación de la constitución, se cambiaron las leyes que protegían
la agricultura, las tierras ejidales de los pueblos originarios, tierras mantenidas y trabajadas en propiedad común. Por eso, en rechazo a tales violaciones y en defensa de la soberanía, del derecho de los pueblos a su autodeterminación, fuimos testigos alrededor del mundo de la irrupción en México, del movimiento Zapatista. Y así mismo en el Día de los muertos, no con pancartas ni con camisetas, ni con puños en alto, el pueblo Mexicano, denunciaba la violación de sus derechos a su integridad, a su autodeterminación, a su soberanía. Demandaba la derogación de los acuerdos que garantizaban tales violaciones…porque la agricultura y la naturaleza no están en venta, decían.
Años atrás, también en el contexto de la celebración del Foro Social Mundial Mexicano realizaron la caravana de la campaña SIN MAÍZ NO HAY PAIS, NO HAY NACIÓN, y vice versa, SIN PAIS, SIN NACIÓN, NO HAY MAÍZ. Somos en Mesoamérica, (Centroamérica y México) gente de maíz. La caravana se paró en los pueblos educando a la ciudadanía, sobre el significado del tema, sobre la SOBERANÍA, AUTONOMÍA Y
SEGURIDAD ALIMENTARIA, sobre el significado de estos valores y principios para la identidad, la integridad y el SER de un Pueblo.
Ahora, en la actualidad, es hartamente reconocido que vivimos a nivel mundial una crisis de hambre por el alto costo de la alimentación, de la comida.
Nos dicen que hay escasez, pero no es así, de nuevo es la conjugación de las llamadas cuatro crisis y el negocio, el comercio, la ganancia desmedida esta a la base de todas ellas. Es la priorización de las ganancias sobre el bien-estar, el bien vivir de los pueblos, y la salud del planeta.
Las compañías transnacionales, aliadas a los negociantes nacionales de cada país, aseguran únicamente sus ganancias, y usan la ley, y los ejércitos, y la educación y la ciencia misma para procurar y garantizar su enriquecimiento, creando y fortaleciendo la clase que explota sin miramientos, y los subterfugios que le permiten hacerlo. Así, no permiten la creación de energías alternativas a la dependencia, que sean verdaderamente limpias, respetuosas de la humanidad y de la salud del planeta, sólo la basada en el petróleo, la que es asimismo la base de la creación de otros productos, todos altamente contaminantes, como los fertilizantes y los pesticidas, creados desde la ciencia, y promovidas por quienes estudian en las universidades para promover la agricultura del
país. La crisis del cambio climático, muy a pesar de que científicos pagados niegan su existencia en favor de las grandes industrias que la han provocado y profundizan cada día que pasa, no puede ser negada mas, y sus consecuencias son grandes inundaciones, y derrumbes, sequias, desolación y muertes, no permitiendo la producción agrícola.
La crisis financiera y económica, se profundiza, ya no es una burbuja, es la cruel realidad que deja sin trabajo y hogar a millones de gente, que resulta en recortes de programas de estudio a todo nivel, de salud, de apoyo a las personas adultas mayores, a pueblos indígenas, a quienes son más necesitados, y justifica que un nivel de 9% de desempleo, en países industrializados sea considerado aceptable. No se toma en cuenta que el trabajo dignifica, y que lo que se planta es lo que se cosechará., por tanto los recortes serán un dolor de cabeza más pronto que nunca.
Estos principios financieros y económicos, priorizan y garantizan las ganancias de quienes invierten, asegurando que los precios de los servicios básicos, que garantizan los derechos humanos, los derechos económicos, sociales, culturales y ecológicos de los pueblos sean tan altos, y puedan ser realidad.
Así, la crisis de los alimentos, asegura la ganancia de quienes negocian con ellos, los países que subsidian su agricultura, mientras firman acuerdos de libre comercio que fuerzan a los países a sembrar cultivos específicos para exportación como los que se emplean para la elaboración de agro combustibles, valiéndose así de subterfugios de acaparamiento de tierras en países del Sur Global, que padecen un sistemático empobrecimiento.
Es en este contexto que debemos ver el problema del alto costo de la vida, la crisis de la alimentación. La ONG internacional OXFAM, en su último estudio sobre este tema, dado a conocer al público recientemente, declara que en la próxima década el costo de los alimentos subiera un 180%, como resultado de la combinación de los factores creados por las llamadas crisis ya enumeradas. Dice también, que los países de Centroamérica, los tres del triangulo norte – Guatemala, El Salvador y Honduras, y el sur de México, son los que más sufrirán esta situación. La verdad es que ya se enfrenta, y que los pueblos indígenas de la región tienen muertes diarias por tal condición, y que la niñez de este tiempo, tanto indígena como rural no crecerá y su cerebro no se desarrollará debido a la desnutrición, causada por la falta de alimentación. Pero ¿cómo es que una región tan fértil presenta tales condiciones? Por los tratados, lo que se prioriza para cultivar, en manos de quién está la tierra, y quién decide que cultivar.
Los gobiernos asegurarán llevarles alimentos, enviados por la cooperación internacional
alimentos que en su mayoría son transgénicos, alimentos que llenan el estomago, pero que carecen de calidad nutritiva… o sea que garantizarán la SEGURIDAD ALIMENTARIA, que además crea dependencia, a expensas de la SOBERANÍA ALIMENTARIA, que es la potestad de la población de cultivos criollos, orgánicos, nutritivos, parte de su tradición y cultura. Y todo este escenario se desarrolla en el contexto de grandes inversiones, en los millones y billones, recaudada por los gobiernos y los donantes y comprometida para la lucha contra la violencia, el crimen organizado en esa mismísima región.
Entonces, que hacemos, que nos queda? La primera cosa es tener la voluntad de saber. Educarnos sobre nuestra situación, buscar las reales causas. Crear comunidad, una comunidad preparada para enfrentar la situación, trabajar para transformarla.
Tocar puertas, de universidades, de gente que pueda comprometerse a trabajar, artistas, académicos, estudiantes, sindicatos, la iglesia, medios de comunicación y todo aquel o
aquello que dice estar por la paz y la justicia social, y desde este movimiento social y solidario, presionar a las legislaturas de todo nivel, y a la presidencia de la republica, y a los organismos internacionales. Preparar planes de trabajo, y realizarlos de manera disciplinada, en tiempo real, sin dejar caer la bola. ¿Me dices que es muy difícil? ¡Quién dice que no! Me dices que es imposible, eso sí que no… si queremos podemos, y por amor a la humanidad y a la amada Madre Tierra, más vale que lo hagamos, o estemos dispuestos (as) a perder nuestra alma, nuestra propia humanidad.
Hay gente que lo estamos haciendo, ya en varias practicas y movimientos, como lo es la economía solidaria. Si hacen búsqueda verán toda clase de ejemplos por todo el mundo.
Trabajamos por los derechos económicos, sociales y culturales de los pueblos, para que los países los ratifiquen y que cada país los cumpla.
Promovemos los derechos de la Madre Tierra tan valiosos como los derechos humanos, la inversión en la verdadera seguridad, que es en la convivencia y paz ciudadana, no más guerras, más educación y oportunidades de desarrollo para las juventudes, para la niñez.
Nos movemos a todo nivel para la erradicación de la violencia en general, y la del empobrecimiento en particular, así como en aquella violencia doméstica y contra la mujer. Presionamos para el cuidado de la madre tierra, y para que sea ratificado el derecho humano universal al agua, entre otros.
Para nosotros la gente de Latinoamérica y el Caribe, la gente Latina en Estados Unidos, y en particular, la gente Chicana, tengan conciencia de estas situaciones y su efecto. Tengan conciencia del papel histórico que pueden y deben jugar para su pueblo y para nosotros con respecto a la justicia y la paz, y de cómo su práctica debe estar en consonancia de tal entendimiento. Es urgente y necesario, pues para nosotros este pueblo es nuestra familia en el país, que impulsa y decide sobre las condiciones que la humanidad enfrenta. ¿Contamos con ustedes? ¡Así lo esperamos! Para más información sobre Marta y su trabajo vea: www.museoaja.org





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